Musical

Un musical se anunciaba entre las dunas de mis ojos;
Y la ví merecer su normandad; de todo lo que no tenía nombre;
Y lo ví entre un susurro de cofradías; cofre en el que se anunciaban las huellas de mi corazón;
Ella de uñas moradas, de grises auroras que en tu anunciación prometieron un apartado;
Mis formas sonrosas;
Margaritas de averno, se tornaron ejemplo para ejemplos y madrugadas.

Oh, un ejemplo a repartir, oh, una insignia de cruces;
Declara la inhiesta sombra sobre mi tejado;
Mírate en las mareas de mi cuerpo; de ojos en tus cosenos.

Viviré en un espacio de serenidad; y haré el amor con las sirenas que viven en la Luna.
Ella de uñas moradas, grisáceo espíritu que se marchita.

En el jardín sus rosas son augurios; en el frente mis ternuras; detrás me siguen las gladiolas a restar;
De frente mi espada; de un invierno de nocturna alada.
Se mueve la voz de mis orillas; se hace muda mi confesión;

Y yo los dejo entrar en mi extraterrenal torrente;
Me esposo al karma; oh, yo tengo la culpa de soñar con lo más ciego de los ciegos.
Decisiones; ilusiones meritorias; se hacen pasar por dizque ángeles siendo diablos;
Y yo preciso el honor de una alhaja sobre mis hombros.

Mecí tu ser con llanuras incorruptas y me ví corrompida por el honor de mis orillas; sobre unos ojos que pastan la hierba de lo manchado de mi nombre.

Me tejo y me reviento; en este ser de dulce cuna que no es más que un calvario.
Y así la Luna ilumina a mis seres de gomaespuma con el averno amanecido.
Y en el averno me empeño en ser, fuera de él el estar de las planetarias Azaleas.

Ah, soy un jardínero de puentes de galaxias; de cosmos acallados; inevitables en el edén;
No hay mayor sembradío que el de mi nombre y mi juventud marchita;
Como un hierro colorado entre azul y amarillo.

Tientas mis pasos y me haces el amor;
Dignificado;
Y yo tejo mis atributos y me hinco hacia tí;
Donde soy un puente;
En las tenuidades que me ciegan;
Y en las que me reconozco como tuyo;
Ante la bolsa de las estelas; macizas, conmovidas,

Riego esta espuma con mis lágrimas;
Y me torno una reina; un caballero; un arlequín y un payaso; un doncella;
Me sesgo con las marañas de la juventud; del señorío de la tarde; del río de las mañanas; los engendros de la noche;

Que moran en mi jardín.

Honro un pacto sagrado contigo;
Me cobijo en tus mejillas;
Y mis mejillas son besadas por tu amor;
Y yo, el jardínero de tus ejes y principios; he mecido regueros de besos entre los campos incorruptos;
Voluntarios desde mi génesis;

Y mi voz se moverá y removerá hacía ti;
Con el invierno de una primavera que no llega;
Y el libro enfrentará a tus costuras y, tú, moverás los hilos; y yo sembraré flores;
Cuarenta y siete veces;
Y todas esas veces te haré el amor;
Con mi agua miel y paraíso.

Vanessa Sosa

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