SEGUNDOS
Cuando el muro exhala su último aliento y te arroja dentro.
emerges de las ruinas
Eres un feto de concreto,
astillada de recuerdos
de vida material.
Un edificio que se rinde,
que se parte en sus huesos
bajo el peso de un cielo desplomado
pero te dejan nacer,
una vez más,
Sales al mundo igual que la primera vez:
con la piel tatuada de polvo y ceniza,
envuelta en los harapos de lo que fue tu abrigo,
de esa seguridad que se hizo trizas entre las manos.
Los escombro son el útero que se rompe,
y la grieta, el canal estrecho
que te escupe a la luz.
Te empujan las manos invisibles del destino,
Ante el vacío y el espanto,
Te sostiene Dios
rompes el silencio con el primer grito,
comprendes que has vuelto a empezar,
aunque el miedo te tiemble
en las raíces del alma.
Pero entonces,
en el caos, descubres el milagro:
todos somos recién nacidos entre los restos.
Cuerpos que se buscan,
sombras que se reconocen,
y corres hacia ese abrazo que es el único puerto,
al abrazo infinito
donde el llanto se vuelve río,
un llanto que purga,
que lava,
que desborda.
No recordabas la extrañeza de nacer,
la fragilidad de ser luz
en medio de la nada.
Pero lo hiciste de nuevo,
en la carne y el hueso.
Ahora, tras la ruina,
toca ser semilla.
Toca, Comenzar, a vivir.

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