El arte de No Hogarse
Hundida en el mar profundo de aguas amargas y dulces, peleo contra las algas que no me permiten ver la superficie que podría salvarme de esta penumbra.
Sin fuerzas, sin respiración, sin poder mis ojos encontrar una razón que me ate a una vida donde sufrir se ha vuelto una adicción…
Me rindo, me venció el miedo; no puedo luchar más, las fuerzas ya no quieren eso.
Cayendo al abismo profundo, una luz de repente irrumpió por segundos; fue suficiente ver el reflejo de mi rostro, triste, desolado, sin más vida en este mundo…
Ardían mis pupilas, brotaba sangre de mis mejillas.
Pero al ver la barca que un día fue un velero hermoso donde sonreía, me hizo recordar que escribir poesía era mi salvavidas desde que era niña.
No culpo mis cicatrices, yo misma me mutilé por querer encajar entre matices; las miro con agrado, ellas son las que me mantienen a salvo.
No importa lo profundo que esté, ver el mundo al revés me hace entender que el amor y la fantasía se convierten en verdades de mi Universo, donde puedo ser yo, sin aceptar menos de un rayo de sol.
La luna es mi compañera, ella me susurra que es dueña de las estrellas. 🌟
El cielo me arropa de día y de noche, dejando ver mi sonrisa mientras vivo el día a día.
Las aves dan melodías de cantos alegres; ellas, en su libertad, me enseñan a quererme.
No importa lo profundo que esté, la niña que siempre he sido volverá de nuevo a renacer…
Con amor,

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