domingo, septiembre 6, 2026

Donde las Palabras, Tienen Alma.

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Donde las Palabras, Tienen Alma.

No es poesía

No es poesía – me digo-, como si la poesía fuera un territorio cercado, un jardín al que se entra con credenciales secretas. Yo escribo como quien abre una ventana en una casa cerrada durante años: dejando que el aire revuelva el polvo, que la luz descubra lo que estaba quieto.

Escribo listas, nombres, escenas que se niegan a irse.

Escribo para no olvidar la forma de las voces, el temblor de una taza en la mesa, la respiración lenta de alguien que duerme en la habitación contigua.

Escribo porque hay días en que el silencio pesa como una piedra en el pecho y entonces las palabras se vuelven herramientas: pequeñas, imperfectas, pero capaces de hacer palanca.

No escribo poesía -insisto-, como si la poesía fuera un lujo, una música reservada para otros.

Pero después, cuando releo lo escrito, descubro que en medio de una frase cualquiera se ha quedado prendida una chispa:

una imagen que respira,

una emoción que se sostiene sola,

una verdad mínima que no necesita adornos.

Y entonces comprendo que la poesía no era un género.

Era un gesto.

Honrar la vida es mirar con atención.

Es nombrar lo que duele y lo que salva.

Es detenerse un segundo antes de que el día termine y decir:

esto ocurrió,

esto fue mío,

esto valió la pena.

Escribo, simplemente.

Y en ese acto -torpe, cotidiano, persistente-

la vida se ordena un poco,

se ilumina un poco,

se vuelve digna de ser contada.

Tal vez, después de todo,

honrar la vida

sea eso:

hacer lugar para que las palabras respiren

y permitir que, sin pedir permiso,

la poesía suceda

Sandra Orsatti

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