TENGO MANOS
Tengo manos para hablar de mí, señores: tengo manos.
Manos que han tocado barro, moldeando la forma de la nada, dándole un cuerpo a la tierra. Manos que han palpado la piel de hembra, reconociendo en cada caricia la suavidad y el misterio. Manos que han secado lágrimas, sabiendo que en el dolor de otros resuena el eco del propio.
Señores, tengo manos.
Manos que han hecho vida, abriendo aliento y camino; y que también han abierto brechas, a veces por descuido, otras por convicción, pues no soy santo de catedral. No llevo un halo de luz, ni mis palmas esconden milagros: solo sostienen la verdad áspera del hombre que vive y se equivoca.
Señores, tengo manos.
Manos que no se callan, que trazan sin tregua el relato de mis días y el mapa de mis batallas. Hablan sin voz, porque del mundo están hechas: de su polvo y de su fuego, de su sal y de su sangre.
Señores, tengo manos…

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