CANTO I: CARTA DEL DESTIERRO
Dejé la calle
alzando el canto de mi origen.
Me fui guardando el mapa de la infancia,
nombrándola madre con el llanto a cuestas.
Busco en el humo de la noche
los aromas que el suelo ajeno no conoce.
Nombro en el silencio a la mujer que amo:
un destello incólume
que las sombras no logran sofocar.
Ayer, cien jóvenes alzaron la voz;
a veinte les apagaron el aliento,
a treinta los devoró la distancia,
cuarenta y nueve insisten en la sombra.
Y yo, lejano, sostengo el eco de la casa,
insistiendo en la luz de un suelo sin cadenas.

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