EL LLAMANTE DE LAS SOMBRAS
Deslizo el verbo como un corte en la noche,
deslizo el lápiz sobre la piel del papel,
deslizo la sed de estos cantos personales.
La letanía es breve, pero el llamante no descansa:
lleva horas masticando tu nombre entre los dientes,
escribiéndolo en latín de convento en ruinas,
en sánscrito manchado de tinta y ceniza,
revolviendo textos antiguos con la resaca del tiempo
para descifrar, de una vez, mis propios enigmas.
¿Quiénes somos en esta mesa a oscuras?
¿A qué barro o a qué abismo ya estamos llegando?

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