Perdónate, mamá

Tienes una mirada celestial.
De esas en las que puedo perderme y volverme a encontrar.
De aquellas en las que nunca dudarías en confíar.
Con ella me dices que Todo pasará.

Tus abrazos me llenan de verdad.
Cuando intento ocultarme de mis sombras, más allá.
La calidez de tu comprensión me abraza. Siempre estás.
Para mí y para todos los demás.

¡Hace cuánto que me conoces!
Me apena recién aprender a escuchar nuestras voces.
Ojalá pudiera habértelo dicho antes:
Eres más de lo que reconoces.

Ojalá pudieras verte como yo te veo.
Así de guerrera, así de elegante.
Tan fuerte y sensible, tan digno admirarte.
Tus sueños son tan reales, los veo flotando en el aire.

Cuánto quisiera que no te juzgues y te miraras nomás.
Que así como nos comprendes, te entendieras más.
Tal como nos perdonas, que te liberes ya.
Que te des más de ese amor que das a los demás.

No te has dado la oportunidad de fallar.
Pues cuando sucede, te reprochas sin cesar.
Ni siquiera te permites estar mal.
¿Cuándo es que te vas a escuchar?

Perdónate, mamá.
Por todo lo que querías lograr.
Por las veces que luchaste y sentiste no poder más.
Aun así nunca dejaste de intentar.

Perdónate, mamá.
Por todas las expectativas que quisiste alcanzar.
Por todo lo que te indicaron que sería tu felicidad.
Por las veces que confiaste y te volvieron a fallar.

Compréndete, un corazón como el tuyo no se vuelve a encontrar.
Quien te daña, se pierde a sí mismo sin poderte derrotar.
Porque tú eres luz, aquella que alumbra su propia oscuridad.
No te avergüences; eres pureza y, a la vez, humanidad.

Porque nadie sabía lo que tú sufrías,
cuando tus decisiones les sorprendían.
Tú sola tuviste que por tu paz luchar.

Por todas esas heridas que jamás quisiste generar.
Porque, a pesar de lo mucho que te lastimaron,
siempre quisiste ser mejor de lo que pudiste experimentar.
Porque siempre quisiste curarnos, nunca dejé de ver tu mano.

Por las veces que, de tan saturada que estabas, con nosotros renegabas.
Cuando tenías tanto en tu mente y parecías no prestar atención.
Por las veces en que tu cansancio, en nosotros desahogo hallaba.
Nunca te entendimos como necesitabas.

Nunca fue tu intención, solo quisiste lo mejor de ti darnos.
Y así quieras evitarlo, en todo gran camino hay tropiezos.
Por todas las veces que sentiste que no lo hiciste tan bien.
Te juro que nadie podría haberlo hecho mejor.

Porque si te hubieras tenido a ti misma como mamá,
nunca hubieras coleccionado tantas cicatrices.
Porque si yo hubiera sido quien te tuviera como hija,
jamás sabría hacerlo como lo haces tú.

Por todo lo que lloraste, sintiéndote que merecías pasarla mal.
Aquí vengo a abrazarte, a decirte que eso pronto acabará.
Eres vida y como tal, mereces lo mejor y nada más.

En este día no quiero regalarte solo poesía.
Hoy quiero que instaures una promesa para ti misma.
Nada de lo que ha sucedido te define.
No eres tu pasado, eres quien ahora lucha por seguir avanzando.

La madre perfecta no existe, pero existes tú: Una mujer real.
La mejor madre que nos habría podido tocar
Por eso y muchas razones más, perdónate mamá.

Mariafé Escajadillo R

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *