La profesión de los trasnochados anónimos (Revisitado)


​Reafirmo mi voto en la profesión de los que velan sin nombre;
vuelvo a empuñar el lápiz, mi herramienta esencial,
para seguir tallando la misma piedra inmensa.
​Persisto en mirar con asombro de niño y tocar con fiebre de amante.
Sigo estando aquí sin estar del todo presente,
porque mantengo el rumbo de aquel viaje con Eliseo,
náufrago voluntario en la hondura de mi mente.
​Neruda, Guillén y el verso que aún no escribo siguen siendo mi cofradía,
en estas noches donde el café ya no se mezcla tanto con lágrimas.
Quedó atrás el duelo por el amor de mitad de noviembre,
​porque la risa vital de mi niña (esa ancla de carne y hueso)
me devuelve de golpe al juego de los vivos.
Y lo repito: he logrado transformar la vieja locura de mis lentes
en esta terca poesía personal.

Cedric Zambrano

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