Manifiesto de lo Posible: La Utopía como Norte ÉticoI. Declaración de Intenciones

La utopía no es un sueño estéril ni una quimera para el descanso del alma; es la fuerza gravitatoria que impide que la humanidad se hunda en el abismo del conformismo. Declaramos que lo que hoy llaman «imposible» es simplemente aquello que aún no ha sido articulado por la voluntad colectiva.

II. El Derecho a la Imaginación

Reclamamos la imaginación no como un escape, sino como un acto de soberanía. Un pueblo que deja de imaginar un futuro distinto queda condenado a repetir los errores de su pasado. La utopía es el primer paso de toda reforma legal y de toda revolución del espíritu: antes de que algo sea ley, debe ser deseado.

III. Contra la Dictadura del Presentismo

Nos rebelamos contra la idea de que «esto es lo que hay». El realismo sin esperanza es simplemente cinismo. La utopía nos enseña que la realidad es una obra abierta, un texto que todavía estamos escribiendo. No aceptamos un presente que se clausura a sí mismo; exigimos un presente que sea el umbral de una justicia mayor.

IV. La Justicia como Horizonte Móvil

Entendemos que la perfección es una trampa, pero la perfectibilidad es un deber. La utopía no es un destino final donde el hombre deja de luchar, sino un camino de ascenso continuo. En cada ley que protege al débil, en cada consenso que resuelve un conflicto, habita un fragmento de ese ideal que nos guía.

V. La Estética de la Esperanza

La política debe recuperar su dimensión poética. No se trata solo de administrar lo existente, sino de crear lo inexistente. El liderazgo no es la gestión de la escasez, sino la movilización del entusiasmo hacia metas que trascienden nuestra propia finitud.

VI. El Compromiso de Caminar

Asumimos que la utopía se aleja cuando avanzamos, y en ese alejamiento reside su belleza. No caminamos para llegar a la ciudad perfecta, caminamos para que la ciudad que habitamos sea cada día menos injusta, más digna y más humana.

«Porque la utopía no es el fin del camino, es el fuego que ilumina cada paso.»

Antonio Jesús Ecarri Rodríguez

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