Me rompiste.

Fingiste quererme,
fingiste preocuparte por mí.
Llenaste mis oídos de falsas promesas,
y yo; inocente niña, creí cada oración.

Prometías visitas por teléfono,
esa era tu canción de cuna.
Y cuando tu «mañana» nunca llegaba,
tu voz preguntaba:
«¿y tú por qué no vienes?»
Era mi culpa tu ausencia.
Era mi culpa tu olvido.
Eras tú quien no aparecía,
pero era yo quien perdón pedía.

Me rompiste.
Me hiciste odiar las promesas…
pues las tuyas siempre terminaban en «perdón».

Me rompiste.
Dijiste amarme
e intentaste matarme.
Endulzaste mis oídos
con el veneno radioactivo
de tus labios.

Me rompiste.
Creando escenarios imaginarios en mi cabeza,
obligándome a tenerte de amigo imaginario
aún estando al alcance de mis dedos,
pero sin poder tocarte.

Me rompiste.
Se supone que debías protegerme,
pero me rompiste.
Jugaste a perderme,
y te dejé ganar.

Pero ¿por qué?

Nadie lo entiende;
Todos repiten cosas
Pero la hipocresía resuena en sus gritos.

Keony Rojas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *