Una pequeña serenata diurna para Venezuela.

«Vivo en un país libre,
Cual solamente puede ser libre. En esta tierra y en este instante y soy feliz porque soy gigante…»
Silvio Rodríguez.

El Orinoco arrastra una historia edonista. Sus ríos afluentes morirán con el. Así es la patria un gran río con afluentes que decididos mueren entre sus átomos. Venezuela está parada en el medio de la guerra, con gritos ancestrales advierte, sin embargo el cielo empieza como en el himno de la federación a ponerse nublado. El país se discute en una didáctica de asombros, porque son tantas sus posibilidades que esta en el eje de una gran esperanza o una gran catástrofe. Podría ser la pieza más discutida en el juego de la guerra; la guerra decía Tomas Merton. Es el último país que el niño inventa. En este último país en el que nos quieren adentrar algunos personajes oscuros de la historia actual. La patria es una hormiga también un incesante movimiento que perece pronto y pronto resucita, es un entramado de belleza y un quebranto es la fuerza motriz del que la piensa. Sostiene el paso del buen hombre y traga todo aquello que convierte. La nuestra es una patria reencarnada que ya resucita después de sus años de espera. Ella es maestra y todo lo contiene. La patria es la epístola del prócer y el bollo de la madre en la boca de los hijos. Es la garza el chiguire, el árbol, todo lo vivo y es sobre todo soberana y libre como el ave de más alto vuelo, el águila que sube y sube con su enemigo al cuello.

Ana Carolina Saavedra Lozada

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *