Bellanoche

Vivo por el silencio en el arrebol, condenado a más horas en otra realidad ajena a lo que llamo normal.

Bombillas del cielo que queman mi flébil corazón con el resplandor suave de su condolencia, bajo este manto oscuro me arropa en el silencio.

Adicto a las iris que resplandecen en la marcha de las estrellas.

Sobre este mar vacío bendigo nuestra velada. Hoy otra vez, alcoholizado en el pecado.

Pierde ese cabello oscuro hasta el infinito, fluyendo por el universo de nuestra danza.

El enigma de esa voz elude mis barreras y me esclaviza.

Adicto a esta noche, la de nuestro alrededor, esa entre nosotros, seamos las sombras.

Alcémonos hasta ungirnos allá donde las palabras no llegan.

R.C. Rivas

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