Oración a la Musa Efímera
Se me enfría el desayuno mientras pienso qué escribir
para encender la fe, esa que no tiene ojos
para que vuelvas a creer.
Me pides que te comprenda, que no presione tu proceder.
Te veo hundir, el lodo no te deja seguir.
Me pides que cruce los brazos,
y yo no sé más que solo escribir.
Me avientas una tormenta, me pides no mojarme más,
¡que busque refugio, porque sé vivir en tempestad!
¡Tengo miedo de perderte, de que decidas irte y no volver más!
Acciono con mis estacas, me dispongo la choza a armar.
Me mojo, los rayos caen sobre mi piel,
¡pero es más grande el miedo de no verte más!
Te tiendo mi mano, quiero que no veas más atrás.
¡Me pides quedarte ahí, sin presión!
¡Solo quieres verme la casa armar!
¡Yo te miro, y lloro!
Sé que ni tú misma sabes a dónde ir.
Yo tampoco sé el camino, pero camino por ti.
Se me cierra el pecho, la tormenta aumenta,
el agua incrementa su cauce en gran manera.
Trato de apresurar mis puños, trato de darlo todo por ti,
¡sin ver ni siquiera una sonrisa que me inspire a seguir!
No puedo evitar que se me desgarre la piel,
mientras tu llanto escucho y te veo sufrir.
Tu risa en mi mente me mantiene firme aquí.
¡Me gritas que te deje, que no puedes seguir!
Me pides solo mirarte, dejarte ir.
Yo, que de memoria me he sabido tu historia,
y aun así decidí en ti creer.
Me culpaste de tus sombras,
cuando estuve dispuesta a desollarme las manos
y construir un refugio donde no te derribaras con tu propio regazo.
De la forma más cruel, me lanzas al abismo de tus sombras,
donde mi presencia no trae luz,
donde el ruido hace que el alma se esconda.
Hiciste añicos mi presencia, fui oscuridad,
sentí el peso de tus luchas,
mi terca fortaleza me jugó una mala pasada.
Ya mi presencia paz no te da.
Aceptar quedarme sola, naufragar esta tempestad me da miedo,
¡yo quería contigo estar!
Pero rompiste todos los puentes para que no pasara más;
me dejaste en medio de ellos sin poder regresar.
¡Me tocó lanzarme al fondo, a la suerte tentar,
llenar cada vacío que creí en tu sonrisa encontrar!
Tu cobardía me enluta, me desgarra, me preocupa.
Vi a la niña que un día quiso creer en flores y ser musa.
No logró ser princesa, pues robaron su corona;
le quitaron los deseos y crearon un monstruo que la aprisiona.
Se hizo amiga del fantasma, y cayó en su trampa.
Me duele ver cómo lo viste, y decidiste quedar encantada.
No lloro por lo que no fue;
lloro porque quería verte renacer.
Desde lejos pediré que una estrella te acaricie la piel.
Adiós, mujer maldita.
Adiós, bendita mujer.
Adiós a la niña herida que quise proteger.
Adiós, mi lienzo blanco.
Adiós, musa efímera.
Deseo que algún día puedas obtener lo que querías…
Con Amor
NiniAmor

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