Resistencia del Escriba
I
Aquí permanezco: en la frontera exacta donde el silencio de la calle colisiona con el escándalo que me habita. Soy el eco de las lenguas amordazadas y la protesta vibrante de los ausentes. Mi cuerpo es el punto de fuga donde la calma externa y el caos interno firman su tregua.
II
Persisto. Aunque la miopía ajena dicte que el oficio de la letra es un ejercicio estéril, y aunque el fuego devore el grafito y la celulosa, mi presencia será incombustible. No se queman las ideas cuando el papel ya se ha vuelto ceniza; yo soy el soporte que sobrevive a la hoguera.
III
Aquí estaré, diseccionando la materia y el espectro, sosteniéndole la mirada a la metáfora hasta que parpadee. Mi escritura es un acto de higiene social: tomo la realidad —tosca, sucia, desdentada— y la froto con agua y jabón hasta que su verdadera piel quede al descubierto.
IV
Aquí estuve, aquí me planto y aquí haré que mi voz detone. Mientras la mente conserve el veneno de la tinta y los dedos arrastren el peso de la historia, el testimonio no cesará. La palabra no es un refugio, es un frente de batalla.

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